La colocación de implantes dentales no es solo un acto mecánico: supone una proceso biológico de reparación y regeneración de tejidos, hueso, encía, matriz extracelular, que debe culminar con una estrecha integración entre implante y hueso (osseointegración). En este contexto, la nutrición del paciente, y en particular la ingesta adecuada de proteína, desempeña un papel fundamental.
Sin embargo, muchos pacientes, especialmente adultos mayores, no alcanzan niveles óptimos de consumo proteico. Datos poblacionales recientes muestran que solo una pequeña proporción mantiene una ingesta suficiente, lo que podría comprometer los resultados de tratamientos de implantología.
En este sentido, sólo el 10% del total de participantes en el estudio científico ANIBES tiene una ingesta diaria de proteínas situada dentro de los rangos de ingesta recomendados para este macronutriente en la alimentación diaria.
Este artículo explica por qué la proteína es esencial en la formación de tejidos, cómo influye en el hueso y tejidos blandos, y por qué los odontólogos deberían considerar la nutrición proteica como parte del plan terapéutico.
¿Por qué la proteína es clave para tejidos y huesos?
Función general de la proteína en el organismo
• Las proteínas constituyen los bloques estructurales esenciales de nuestras células: permiten la síntesis de nuevas células, reparan daños, y regeneran tejidos.
• En tejidos conectivos, como huesos, encías, tendones, ligamentos o piel, una parte esencial de la estructura es matriz extracelular rica en proteínas (colágeno, glicoproteínas, proteoglicanos, etc.).
• El colágeno, principal proteína de la matriz ósea y de los tejidos conectivos, proporciona resistencia, flexibilidad y capacidad mecánica a huesos y tejidos blandos.
Por ello, una ingesta proteica adecuada asegura disponibilidad de aminoácidos esenciales para que el cuerpo pueda construir y mantener correctamente estos tejidos.
Proteína, remodelado óseo y salud ósea
• El tejido óseo no es únicamente mineral: casi la mitad de su composición orgánica corresponde a proteínas.
• La proteína en la dieta ejerce efectos sobre la densidad mineral ósea (DMO), la formación de hueso nuevo y la actividad celular de los osteoblastos (células formadoras de hueso).
• Además, la proteína influye en la regulación de hormonas y factores de crecimiento implicados en el remodelado óseo, como la hormona paratiroidea, el factor IGF-1, y en la activación del metabolismo de vitamina D, todos importantes para la formación y mantenimiento óseos.
Por tanto, una ingesta proteica adecuada contribuye a un hueso más sano, denso y capaz de responder a estímulos de reparación.
Papel en cicatrización, regeneración de tejidos blandos y reparación general
• Durante la cicatrización (post-cirugía, heridas, injertos), el organismo necesita proteínas para producir colágeno, reparar células, facilitar la proliferación celular, la formación de matriz extracelular y regenerar tejido.
• La proteína alimenticia influye en la síntesis de nuevas células y tejidos: sin un aporte adecuado de aminoácidos esenciales, la cicatrización puede ralentizarse, la regeneración ser incompleta, o el tejido formado tener menor calidad.
• En suma: la proteína no solo sirve para músculos, sino también para hueso, encía, tejido conjuntivo, y en general para todos los mecanismos de reparación tisular.
Importancia específica en implantología y cirugía de implantes
El proceso biológico de osseointegración
• La integración de un implante dental se asemeja, en términos biológicos, a la cicatrización de una fractura ósea. Se forma inicialmente hueso “woven” (desorganizado), que luego se remodela como hueso laminar, más organizado y resistente.
• Este proceso requiere proliferación celular, reclutamiento de osteoprogenitores, síntesis de matriz extracelular, mineralización, remodelado óseo, todos procesos dependientes de proteínas y aminoácidos.
• Una nutrición adecuada, incluyendo proteína, calcio, vitamina D y otros micronutrientes, potencia la respuesta biológica, mejora la formación de hueso de calidad y favorece una buena interfaz hueso-implante.
Evidencia experimental de los efectos de baja proteína
• Un estudio clásico en animales demostró que una dieta pobre en proteína (isocalórica, pero baja en caseína) alteró la microarquitectura del hueso alrededor de implantes de titanio: menos densidad trabecular, menor grosor trabecular, menor contacto hueso-implante (bone-to-implant contact), y una resistencia mecánica significativamente menor ante fuerzas de extracción (~ –43 % a las 6–8 semanas comparado con dieta normal).
• Esto evidencia que, incluso si la cirugía y técnica implantológica son adecuadas, la deficiente nutrición (en este caso proteica) puede comprometer seriamente la osseointegración.
La nutrición como factor modificable y controlable
• Aunque los factores técnicos del implante, diseño, superficie, topografía, quirúrgicos, son esenciales, la calidad del hueso y la capacidad biológica del paciente para sanar dependen también de su estado nutricional.
• En revisión recientes se subraya que, junto con micronutrientes (vitamina D, calcio, minerales), la ingesta proteica forma parte del “entorno biológico” que favorece la integración y mantenimiento a largo plazo de los implantes.
• En consecuencia, valorar la dieta, e idealmente asegurar un aporte proteico adecuado en el periodo perioperatorio, puede aumentar la probabilidad de éxito del tratamiento, reducir complicaciones, mejorar cicatrización y consolidación ósea.
Recomendaciones prácticas para la clínica odontológica
Dado lo expuesto, proponemos que los odontólogos e implantólogos integren en su práctica habitual algunas actuaciones:
1. Historia nutricional básica previa a la cirugía: preguntar al paciente sobre su dieta habitual, ingesta proteica (carne, pescado, huevos, lácteos, legumbres), frecuencia, apetito, factores que dificulten la alimentación (edad, masticación, salud general, etc.).
2. Orientación dietética cuando sea necesario: en pacientes con riesgo (edad avanzada, bajo consumo de proteínas, problemas digestivos, apetito reducido), recomendar o derivar a profesional de nutrición para asegurar ingesta suficiente.
3. Considerar suplementación proteica si procede: en casos con ingesta difícil a través de alimentos (mayores, personas con dificultades masticatorias), suplementos de alta calidad podrían ayudar a cumplir requerimientos.
4. Optimizar otros nutrientes clave: proteína debe ir acompañada de adecuada ingesta de calcio, vitamina D, minerales y micronutrientes necesarios para la mineralización ósea y salud general del hueso.
5. Seguimiento post-implantación: vigilar la cicatrización, la integración del implante, posibles signos de fallo, y en casos de retraso valorar estado nutricional.
Conclusión
La proteína no es un simple macronutriente más: es un pilar fundamental para la síntesis y reparación de tejidos, músculos, piel, encías, hueso, y para la formación de una matriz tisular sólida y funcional.
En el contexto de la implantología dental, donde la osseointegración determina el éxito o fracaso del tratamiento, una adecuada ingesta proteica puede ser un factor modificable clave, especialmente en población mayor o en pacientes con riesgo nutricional.
Por ello, recomendar una dieta rica en proteínas, o valorar suplementación cuando sea necesario, no solo es una buena práctica nutricional, sino una estrategia clínica inteligente que puede mejorar la tasa de éxito, la estabilidad y la longevidad de los implantes.
Invitamos a los profesionales de la odontología a adoptar una visión más holística: integrar la evaluación nutricional como parte del protocolo pre y post-quirúrgico de implantología.