Ingredientes

El L-triptófano es, con luz, precursor de serotonina y, sin luz, de melatonina.

1. La serotonina u «hormona de la felicidad» se produce a partir del L-triptófano. El aminoácido es especialmente importante, puesto que es el bloque de construcción para la liberación de la hormona de la felicidad, la serotonina. Eso significa que el L-triptófano tiene un efecto directo en el estado de ánimo, de manera que cuanto mejor sea el suministro del aminoácido L-triptófano, más altos serán los niveles de serotonina y mejorará el estado de ánimo.

2. El L-triptófano es también el precursor de la melatonina, la «hormona del sueño». No solo la serotonina, sino también la melatonina, se producen a partir de este aminoácido. Se suele hablar de la melatonina como una hormona que regula nuestro «ritmo de sueño-vigilia». La producción en nuestro cuerpo depende de la incidencia de la luz. Así, se segrega más melatonina en la oscuridad y menos en la luz. Esto ocurre en una glándula endocrina muy pequeña en el diencéfalo, la glándula pineal. La concentración máxima se alcanza alrededor de la medianoche.

Esto quiere decir que si nos queremos sentir mas activos y felices debemos tomarlo por el día. Si queremos regular el sueño y dormir mejor, por la noche.

La vitamina B9 (ácido fólico) ayuda a prevenir los problemas neuropsiquiátricos más comunes, como por ejemplo los trastornos cognitivos y la depresión. Para los adultos sanos la dosis diaria es entre 100 y 300 microgramos. Los mayores deben ampliar dicha cantidad a 400 microgramos de ácido folico al día.

La vitamina B12 es un nutriente que ayuda a mantener sanas las neuronas y los glóbulos sanguíneos. Además, contribuye a la elaboración del ADN, el material genético presente en todas las células. También previene un tipo de anemia, denominada anemia megaloblástica, que provoca cansancio y debilidad en las personas.

 

Niveles adecuados de vitamina D pueden ayudar, según estudios recientes, a mantener los huesos fuertes y evitar la osteoporosis, así como a reducir, posiblemente, el riesgo de enfermedad cardiaca y de presión arterial alta, menor riesgo de cáncer colorrectal y reducir potencialmente el riesgo de otros cánceres (entre ellos, de mama, próstata y páncreas), según el Instituto Nacional del cáncer. En un estudio realizado por los centros de tratamiento del cáncer de América se encontró que la baja vitamina D era prevalente en la mayoría de los pacientes con cáncer. La vitamina D también puede colaborar a estimular el sistema inmunológico y proteger contra los virus, como en el resfriado común, reducir el riesgo de desarrollar esclerosis múltiple y artritis reumatoide, desempeñar probablemente un papel clave en el mantenimiento de la función cognitiva, a medida que envejecemos, y reducir la severidad del asma. El magnesio ayuda a reducir los signos de cansancio general. Manifestaciones físicas como los calambres, la fatiga muscular y las contracturas son la expresión del cuerpo ante la falta de este mineral al convivir con situaciones de estrés y actividad física de alta intensidad. La vitamina B6 ayuda al cuerpo a producir anticuerpos, necesarios para combatir muchas enfermedades, y a mantener la función neurológica normal. La niacina (vitamina B3) es creada por el cuerpo, que la utiliza para convertir los alimentos en energía. Colabora en la tarea de mantener sanos el sistema nervioso, el aparato digestivo y la piel. La vitamina E es una vitamina liposoluble esencial para el funcionamiento del organismo, debido a su acción antioxidante y a sus propiedades antiinflamatorias, que ayudan a mejorar el sistema inmune, la piel y el cabello, así como a prevenir algunas enfermedades, como la aterosclerosis y el Alzheimer. La suplementación con vitamina C parece mejorar los componentes del sistema inmune humano, tales como las actividades antimicrobianas y de células Natural Killer (NK) o la proliferación de linfocitos T.

La vitamina A es importante para la visión normal, el sistema inmunitario y la reproducción. Además, la vitamina A ayuda al buen funcionamiento del corazón, los pulmones, los riñones y otros órganos.

Niveles adecuados de vitamina D pueden ayudar, según estudios recientes, a mantener los huesos fuertes y evitar la osteoporosis, así como a reducir, posiblemente, el riesgo de enfermedad cardiaca y de presión arterial alta, menor riesgo de cáncer colorrectal y reducir potencialmente el riesgo de otros cánceres (entre ellos, de mama, próstata y páncreas), según el Instituto Nacional del cáncer.

En un estudio realizado por los centros de tratamiento del cáncer de América se encontró que la baja vitamina D era prevalente en la mayoría de los pacientes con cáncer. La vitamina D también puede colaborar a estimular el sistema inmunológico y proteger contra los virus, como en el resfriado común, reducir el riesgo de desarrollar esclerosis múltiple y artritis reumatoide, desempeñar probablemente un papel clave en el mantenimiento de la función cognitiva, a medida que envejecemos, y reducir la severidad del asma. El magnesio ayuda a reducir los signos de cansancio general.

Manifestaciones físicas como los calambres, la fatiga muscular y las contracturas son la expresión del cuerpo ante la falta de este mineral al convivir con situaciones de estrés y actividad física de alta intensidad. La vitamina B6 ayuda al cuerpo a producir anticuerpos, necesarios para combatir muchas enfermedades, y a mantener la función neurológica normal.

La niacina (vitamina B3) es creada por el cuerpo, que la utiliza para convertir los alimentos en energía. Colabora en la tarea de mantener sanos el sistema nervioso, el aparato digestivo y la piel. La vitamina E es una vitamina liposoluble esencial para el funcionamiento del organismo, debido a su acción antioxidante y a sus propiedades antiinflamatorias, que ayudan a mejorar el sistema inmune, la piel y el cabello, así como a prevenir algunas enfermedades, como la aterosclerosis y el Alzheimer.

La suplementación con vitamina C parece mejorar los componentes del sistema inmune humano, tales como las actividades antimicrobianas y de células Natural Killer (NK) o la proliferación de linfocitos T